A pesar del anuncio de un día muy
caluroso, amaneció nublado y un poco helado así lo anunciaron mis
rodillas, me apresuré en levantarme ya que podría llegar atrasado a mi
terapia. Este mes es un mes de mucha agitación, las personas andas
desaforadas en las calles comprando sus regalos navideños. Para mí la
celebración de la Navidad ha tomado otro rumbo. La emoción que me dejó
el más impresionante regalo de navidad, lo tuve a mis trece años cuando descubrí
casualmente que por la ventana, mi padre, estaba pasando una bicicleta
y la ilusión de que el viejito pascuero se desvanecía, sin opacar de
la alegría de recibir la bicicleta solicitada. Cuando, “el viejito me
entregó la bicicleta” una Oxford roja radiante no fue en salir a dar la
primera vuelta con toda la emoción a cuesta, mi alegría desbordaba en
cada pedaleada y aunque no tenía la experticia de andar en bici, aceleré
con toda las fuerzas que mis piernas dieron y me fui derechito a un
árbol que se cruzaba en mi camino, entonces opte rápidamente la
bicicleta o yo, y lance la bicicleta hacia un lado y yo, me abracé al
árbol con un grito de dolor.
Hoy, a la distancia ese momento me
parece casi mágico, ayer mi mujer y mis hijos preparaban el arbolito de
navidad, lo hacían felices, con música, con baile y una alegría que los
desbordaba. El árbol quedó precioso.
Muchas de mis navidades después
de los regalos y al pasar de las horas mi padre nos daba la decepción
de todos los años, se emborrachaba y comenzaban las discusiones y los
llantos, me costó mucho olvidar eso, cuando se acercaba la navidad lo
único que quería era desaparecer con el viejito pascuero. Ya adulto
miraba desde lejos y la verdad que no disfrutaba la navidad; sin embargo
mis hijos y mi adorada señora, que sueña con pasar una navidad en medio
de la nieve, me inculparon el verdadero amor por esta fecha
maravillosa, los regalos son preparados con anticipación, se planifica
la cena y como ya conté, el arbolito tiene su tema y su significado cada
año, este es el color rojo, un color del amor, de la pasión, del
corazón.
En casa puede sentir la tranquilidad e imagino a la gente aglomerada en las calles.
Un pájaro picotea el jardín, mientras yo muerdo una cereza jugosa, mi
perro se detiene a la entrada de casa, se echa y levanta su cabeza
oliendo la brisa suave que mece las hojas de mi jardín.
La navidad es un encuentro familiar, para abrazarse, quererse, decirse cosas, regalar amor y porque no leer un buen libro.