domingo, abril 21, 2019

Hoy mi primer cliente fue un vecino de unos cincuenta años, siempre me lo topo en la calle cuando anda paseando a su perro, conversa poco, quizás porque tiene cierto problema para hablar, es tranquilo y vive solo con su perro; trabaja haciendo aseo en una gran empresa y hace poco se compró un automóvil nuevo, automático. Me contaba de las grandes comodidades y garantías de su auto nuevo, su voz sonaba con orgullo y me dijo que se demoró diez años para tener ese sueño.
Finalmente me dijo ahora voy a tomar un cafecito con churros calientitos.

jueves, abril 18, 2019

Ya sé que estás resfriada, lo puedo ver en tus ojos que están llorosos, lo noto en tu cuerpo que está frío.
Qué no debo preocuparme? Claro que lo hago si usted es mi fortaleza.
Le preparo una limonada caliente y a la cama, necesitas descansar.
Verás que mañana estarás mejor; los resfriados son pasajeros.
Estaba pensando en que mañana te quedarás en cama y que te cuidará.
Si lo sé, es tan solo un resfriado y es pasajero.
Pero, déjame acurrucarte y mimarte mira que no están los tiempos para resfriarse sin recibir un  té...quiero.

miércoles, abril 17, 2019

Las mañanas están más frías, me coloco un chaleco y salgo a comprar; camino por el pasaje y desde las casas sale un aroma a café y pan tostado, una brisa casi imperceptible se lleva el aroma en dirección a la cordillera que se ve brumosa.
En la panadería me coloco una bolsa plástica que uso de guante para tomar las marraquetas que humean de lo caliente que estan. Una vez en la calle me dejó llevar por la tentación y parto una marraqueta que me quema los dedos, cruje en mi boca. Antes de llegar a casa veo a varias palomas tomando baño en una poza de agua, salen de allí y sacuden sus plumas cuando el sol se asoma tímidamente.
Es una mañana silenciosa, pocos vehículos y en los paraderos se ven algunas personas tal vez atrasadas a sus trabajos.
En casa tomando desayuno los matinales se dan un festín con el incendio de Notre Dame.
Apago la tele y pongo atención al canto de las aves y deduzco por el sol que más tarde hará calor y me como mi último pedacito de marraqueta calientita con mantequilla.

martes, abril 16, 2019

martes, abril 09, 2019

Me ha tomado horas enderezar el dobles que ha dejado la lluvia en la esquina de mi cuarto y aunque parece que no tiene sentido hacerlo, es correcto desde el punto de vista estético.
Mis noches no serán más tranquilas por ello y el proyecto de mudarme de cuarto está más en pie que nunca.
Sin embargo, hay cosas que me dan una alegría inmensa en este lugar, por ejemplo el libro abierto sobre mi cama que estoy a punto de seguir leyendo en la página cincuenta y tres y que tiene un dobles de hoja muy parecido al que tenía mi cuarto, pero este lo utilizó como marcador de página.
Hay otra cosa que casi me obliga a quedarme en este cuarto y son las innumerables cartas que te escribí y que nunca te envié, siguen apiladas como estatuas de yeso sobre el escritorio que se ubica a mi derecha.
La decisión ya está absolutamente tomada, nada me puede obligar a soportar otro invierno pasado de frío, por un dobles insistente donde se cuela el agua que hace de este cuarto un bote a la deriva.
Quisiera quedarme toda la mañana sentado en medio de mi jardín mirando la punta de mis pies como un estupido adormilado, pero una abeja atravesó mi mirada y se detuvo en la flor del zapallo, allí se dió un revolcón y salió extasiada, por unos segundos se quedó viéndome con sus ojos grandes; luego se fue goteando un poco de su carga en mi pecho que se tiñó de un amarillo con aroma a miel.
El sol arrecia a pesar de lo temprano que es. Será un día de mucho calor anunciaron los del tiempo. Me levanto y comienzo a regar mis plantas y mis frutos, los limones aún verdes se llenan de gotitas de agua y el zapallo se estremece con el chorro que cae sobre él, las acelgas se balancean musicalmente y los tomates enrojecen más con el aliento de agua que les rocía.
La humedad de la tierra sube hasta mi nariz y el agua corre por la zanja cristalina hacia el fondo del patio donde se desparrama sobre las papas.
Miro mi reloj y me vuelvo a sentar, aún se siente el trinar de los gorriones;  tengo tiempo de sobra para ojear un poco más este día, me lo permite el cambio de horario que dice que son las nueve de la mañana.

jueves, abril 04, 2019

Pichilemu
Soñé que caminaba sin bastones, lo hacía lentamente y cuando miraba hacia atrás veía mis bastones, tenía la sensación de que debía volver por ellos, pero me largaba a llorar porque estaba caminando sin mis adorados bastones.
Y de esas largas caminatas recuerdo la que hicimos con mi mujer en la Playa de Pichelemu, la iniciamos en un día nublado, el agua estaba fría y un viento matutino agitaba las olas que se acercaban a nuestros pies desnudos, cuando mirábamos hacía tras veíamos lo lejos que se veía un lugar de la playa donde arrendaban caballos, recogíamos pequeñas piedrecillas, caminábamos en silencio, mirando nuestros pies que eran sorprendidos por el oleaje y que huían en medio de nuestras risas, íbamos de la mano y a ratos un beso ligero humedecía nuestros labios, las nubes se alejaban y el sol tímidamente se asomaba, aumentaba el oleaje y el viento, llegamos has un lugar donde nos sentamos unos minutos y nos sentamos a contemplar las gaviotas que revoloteaban por encima del mar, la vuelta pareció más breve, hablamos de que haríamos para el almuerzo cuando llegamos a la primera salida hacia una de las calles tomamos rumbo al supermercado que estaba al lado de una feria artesanal; camino a casa las calles solitarias nos dejaba un grato deleite de tranquilidad.

miércoles, marzo 20, 2019

Vitelia

 La muerte viene de visita nuevamente, podríamos decir que impertinencia la de ella, pero a decir verdad todos la estábamos esperando, solo nos faltaba el día y la hora. La tía Vitelia ya no daba más a su edad ya era tiempo de marchar, se fue en silencio, sin los viejos dolores, sin que nada la perturbara, se marchó porque ya era el momento de su partida. A decir verdad la tía Vitelia se fue el día en que dejó la cocina donde preparaba sus interminables mermeladas,  esa cocina donde todo estaba apilado en un montón de ollas recién lavadas, de una mesa con tazas de café manchadas y de un aroma a te impregnado en el vapor de la tetera que siempre estaba hirviendo.
Quien no tuvo o se llevó un frasco de mermelada para su casa, hermanos, primos, sobrinos, nietos, amigos y vecinos
 La tía se fue cuando se acabaron las largas conversas y las sopas calientes. Ella nos dejó cuando se sentó al lado de la ventana que da a la calle y dónde fue acumulando dolores y silencio que se la fueron llevando, las  últimas veces ya no hablaba no sabía de qué hablar había olvidado de como hacer mermelada de frutilla y se quedaba mirando la television sin verla, sin oírla, porque ella estaba pensando cómo se preparaban las mermeladas.
No sé sorprendan si la ventana que da hacia la calle un día se cae, son las termitas que llevan años viviendo en ese lugar de la casa.
No sé sorprendan si viene la lluvia en pleno verano, somos nosotros que hemos provocado el cambio climático.
Tampoco sé sorprendan si un loco nos gobierna, o si un político se hace multimillonario, o si un empresario nos sube el pasaje. No sé sorprendan somos nosotros que estamos viendo lo que sembramos.
Tampoco hay que sorprenderse por el suicidio de un conscripto, o el asesinato de alguien por un celular, o algún femicidio, o el asesinato de algún mapuche, o el desaparecimiento de algún ser querido; para que sorprenderse si es la globalización.
Yo asumí mi cuota de responsabilidad y decidí dejar de correr por todo y me senté a vivir,  estoy eliminando las termitas de forma natural. No  será nada sorprendente cuando salga a la calle para que se valla de una vez por todo esto que nos está matando. No más sistema Neoliberal.

viernes, marzo 15, 2019

Tomados de la mano nos acompañamos del mar que ebrio esta mañana brotó de la nada y subió tu falda que dejó ver tu piel morena y me llevó a tener la osadía de besar tu boca y hablarte como un pirata que solo quería robarte tu corazón y exhibirlo enamorado en algún barco pirata.

martes, marzo 12, 2019

Hoy por la mañana, en el consultorio, hago la fila para hacerme unos exámenes, delante mío una mujer de unos cincuenta años se saca el chaleco que la cubre, está caluroso aquí, habla sola. Llega una niña de unos catorce años con una señora y conversan, son parientes. La niña pasa por delante mío levantando los pies sobre mis bastones, yo intento retroceder un poco. La señora recién llegada alza la voz, la otra responde de mala forma. La niña vuelve a pasar, está vez se tropieza en mi bastón derecho, la mujer le da una cachetada en la cabeza, tonta, le dice cómo no te day cuenta weona que está el caballero. Se van, la niña me mira hacia atrás con desprecio.

La Olla

  La Olla. La familia Barrera estaba sentada a la mesa; era la hora de almuerzo y esta vez a diferencia de los días anteriores la sopa tenía...