martes, diciembre 01, 2020

 Cuando estuve afuera,

Nunca olvide mi tierra
La sigue soñando tal como era.
Me levantaba
Buscando la cordillera
Y solo había algodón, café y palmeras.
De tanto extrañarla lloré
Más de una vez
Cuando tontamente sentía
Como si la tierra se moviera.
Cuánto añoraba
Que de un día para otro
Hice la maleta
Volví como salí de ella
Con una mano adelante y
Otra en la trasera.
Pero, ya de vuelta
Me puse mi campera
El frío era algo
Que hace mucho tiempo
No sentía,
Mis manos heladas
Tomaron la chopera
Con unas sopaipillas
De esas caseras,
Y aunque el invierno comienza
Y por la cresta como hiela,
Estoy contento en mi tierra chilena.

 Podría haber Sido de otra manera,

Tal vez en otra esquina.
En otra espera,
Con otra mirada
O otra sonrisa
En otro día
O en otro año
Tal vez no en primavera
Pero, si en un otoño
Frío, con bufandas al cuello
Y zapatos húmedos.
Podría haber Sido de otra manera
Un enamoramiento
De esos que quedan y se van al olvido,
O un beso esquivo
Y luego un diálogo sin sentido.
Pero nada de eso fue
Y me quedé contigo
En esa esquina
Y con ese beso.

Los Amantes


Hay cierto arrepentimiento
en esta noche fría
se puede sentir en la
tristeza que lleva la brisa,
que viaja cabizbaja
por los pasajes
claros como el día
por las nuevas luminarias.
Los perros duermen en sus guaridas,
hay un silencio cómplice
de los vecinos que espían
desde sus ventanas.
Ella besa apasionadamente
a su amante
dos casa más allá su mujer lo espera
descarado! grita una vecina desde su patio.
Es el momento en que los amantes se despiden.
Él avanza cabeza gacha a su casa.
Ahora todos vuelven a sus camas,
la noche se hace más calma.
Mañana será un día más,
nadie dirá nada.
En las poblaciones romper
el silencio puede ser caro.

Aquí está a mi lado..

 Aquí está, a mi lado

Con sus labios manchados,
Duerme, como siempre
No hacemos nada
Parecemos dos seres pegados
Cada uno con sus pecados
La mayor parte de mi vida
La paso solo en mi cama
Ella es visita, a veces una extraña
Llevamos toda una vida
Olvidando y queriéndonos
Ella no se casó con.un santo
Ni yo con una santa
La mayor parte del tiempo
Nos amamos
Pasamos horas acostados
No estamos juntos
Estamos silenciosamente atados
Un día nos amamos para el resto de la vida
Los otros los callamos
Se nos pasa el tiempo
La ventana de mi cuarto
Deja entrar una brisa fresca
Ella ya se marchó
Y nuevamente estoy solo.

La Oportunidad

 El guatón Herrera nunca fue mi mejor amigo, tenía algo que definitivamente me caía mal. Siempre estaba comiendo algo, la mayoría de las veces era un pan, siempre sentado en las afueras de su casa y siempre llegaba dónde no estaba invitado. Sus comentarios buscaban la risa fácil de los del grupo pero, nunca le atinaba. Muchas veces en medio de todos se tiraba un chancho que no solo apestaba sino que irritaba terriblemente al pequeño Juan su archi enemigo y con el cual varias veces quisieron enfrentarse a golpes, pero el guatón con su panza empujaba al pequeño Juan quien siempre terminaba por caer al suelo y mientras sacudía sus ropas vociferaba garabatos en contra del guatón que lo miraba con una sonrisa burlona.

Hace una semana lo ví a pesar de los años que pasaron sigue siendo guatón y su barbijo le hace parecer una prieta dicen que se dedica a la venta de marihuana cosa que no me consta a pesar que nadie del pasaje sabe con qué plata se compró el auto que tiene si él trabaja en la feria de verduras como vendedor. Lo único bueno del guatón es la hermana que tiene, puta que es linda la weona, todos los de la pobla se le han tirado pero ella no pesca a nadie, dice que quiere casarse con un weon con plata.
Cómo es la vida, ahora el pequeño Juan es amigo del guatón y se les ve junto pa todos lados.
A veces pienso que un día de estos se los van ha llevar presos los tiras y en ese momento la hermana del guatón se va a quedar sola y será la oportunidad de que alguien la consuele y ahí estaré yo con todo mi cariño.

Mi Poesía es Notoria...

 Mi poesía es notoria

Como el pan en la mesa,
De carácter poblacional,
Puede contener tanto un perro doméstico como uno callejero,
Está hecha de esos amores
De pueblo
Donde las citas son en las plazas
En una esquina de algún pasaje
O simplemente en la casa de la polola
De esos tiempos.
Las metáforas que puedes encontrar
Son esas que se hacen con cemento fresco
O para los románticos con mariposas de algún potrero,
Es sufrida porque es de personas sin dinero
Que mueren en hospitales públicos
O también de esos que llegan del trabajo cansados
Y que en algún lado posaron caca de perro.
Mi poesía es real habla de los obreros
De esos que construyen los sueños de los que tienen dinero.
Es de mujeres de esfuerzo
Con senos grandes y bellos
Que aman con el corazón
Bien agarrado al pecho.
Mi poesía es romántica
Llena de besos
Y sin complejos.
Mi poesía no habla de dios
Pero si de lo que quiero
Y deseo.
Mi poesía es de carne y hueso.

viernes, septiembre 25, 2020

Encuentro


Ya había pasado la cuarentena. Pedro se fue a la plaza del centro de su pequeña ciudad, ese era el lugar de encuentro de los jóvenes. Se sentó en una banca sacó un cigarrillo y espero, al cabo de un rato una muchacha delgada, pelirroja se sentó a su lado. No tardaron mucho en conversar y en agradarse mutuamente. El encierro al que estuvieron expuestos les tenia deseosos de estar con otro. Él por su parte solo quería hacer el amor, ella durante la cuarentena solo pensó en encontrar un amor. Ambos se complementaron de tal manera que ella aceptó ir al departamento de él. Hicieron el amor durante varias horas. Él sintió la satisfacción, ya estaba pagado de tanto deseo guardado. Ella por su parte sintió que ese era el hombre que soñó durante su cuarentena y rebosaba de alegría.
Quedaron de verse en otro día y ella acudió a la cita que era en en el mismo lugar donde se habían conocido pero, él no llegó. Entonces ella pensó que algo le podía haber sucedido y dejo pasar una semana y fue al departamento del joven que ella amaba. Golpeó durante unos minutos, hasta que un vecino le dijo que quien vivía allí se había marchado.
Se sintió abrumada y durante varios meses volvió a la plaza, se sentaba en la misma banca y esperaba mientras miraba a cada transeúnte que pasaba, se sobaba su guatita que ya estaba bastante abultada.

Cemento

 

Se me advirtió que no podía salir, se me amenazó con el viejo del saco y me dijeron mis padres que andaba por ahí llevándose a los niños. Lo que no sabían ellos, es que el hombre del saco dormía muy cerca de casa, en una casucha de cartón que se construyó y que tiene dos perros uno más grande que otro, mansos como él y nos cuenta historias mientras se come el pan con mantequilla que le llevamos.
De igual forma me siento en la ventana que da a la calle, mis piernas quedan a pocos centímetros del suelo, mientras ojeo una revista del pato Donald en una mañana agradable de primavera.
Salir a la calle a jugar con los otros niños siempre estaba lleno de un sin número de advertencias de la mamá ¡tenga cuidado con la pelota, no le vayan a quebrar un vidrio al vecino! ¡Jueguen abajo en el pasto donde no hay casa! ¡Ponga ojo a los monstruos que pueden salir del tranque y que se lleva niños! ¡Cuidado con los caballos ¡ bla, bla, bla. Pero, nosotros no le temíamos a nada; éramos intrépidos y el mundo era nuestro, La única amenaza que veíamos, la construcción que más abajo se hacía de casas, lo que amenazaba claramente nuestro gran patio que finalizaba en el tranque al cual íbamos a pescar unos pececillos que llevábamos en bolsas para la casa en donde siempre morían porque no sabíamos cómo cuidarlos.
¿Ahora, puedo ir a jugar mamá?
Sí, vaya no mas pero cuídese y mi mamá se sentaba a costurar, la máquina estaba tan cerca de la ventana y desde allí me vigilaba aunque la máquina de coser la obligaba a estar de cabeza gacha observando que el hilo no se enredara, .jugábamos hasta que el sudor nos obligaba ir a casa por un vaso de agua helada y allí mi mamá aprovechaba de mandarme a bañar..
En mi cuarto solo habían revistas, las leía todas y cuando me daba por ser artista dibujaba en la pared de yeso de mi cuarto al Pato Donald, allí estaban retratados el Tío rico y sus sobrinos, flash Gordon, Superman y otros héroes. A mi madre le gustaban mis dibujos. Mientras leía siempre estaba comiendo fruta, hasta el día de hoy adoro leer y comer frutas.
Mi mejor amigo era el pelao que en verdad se llamaba Gustavo, pero le decíamos el pelao porque tenía un pequeño lado en su cabeza donde no le salía pelo, con su peinado cubría este hecho, tenía más fantasías que todos nosotros, siempre andaba con una espada que colgaba de su cintura, decía que era para defenderse de los malhechores, era un hablador innato y nos llevábamos súper porque siempre me traía alguna fruta, ya que también era un gran comilón que lo mantenía en un sobrepeso notorio pero, que en esos tiempos a nadie le importaba. Disfrutábamos mucho ir a tirar piedrecillas al tranque. Mis otros amigos eran el Jaime, el Andrés y el Cristían y siempre estábamos jugando a la pelota o excursionando por el potrero que se estaba acabando por lo de la construcción. Recuerdo que en verano, corríamos toda la mañana atrás de las mariposas y además de pescar en el tranque cazábamos ranas que para mí resultaban asquerosas. Otra cosa que nos gustaba hacer era elevar volantines y siempre el Cristían tenía el mejor hilo curado porque se lo preparaba su papá.
Cuando terminaron la población nueva llegó mucha gente y ya no pudimos ir mas al tranque porque le echaron tierra y estaban preparando el terreno para hacer más casas. Esa etapa fue muy triste era como si nos hubieran quitado el paraíso. El cemento comenzaba a apoderarse de nuestras vidas y ese era el único monstruo al cual le temíamos.
Pusieron iluminación nueva en el pasaje, de noche, parecía que era de día y eso nos favoreció porque podíamos jugar a las bolitas hasta tarde, no así a las escondidas, cosa que hacíamos con las hermanas de mis amigos donde todos teníamos un amor. A mí me gustaba la hermana del Jaime era una muchacha blanca, de cabello largo muy negro, de ojos grandes. No muy flaca y sonriente lo que le daba cierto tono de coqueta.. A ella le escribía poesías que nunca le pase; le gustaba conversar conmigo. Un día estuvimos a punto de darnos un beso justo llegó su hermano y nunca más se presentó de nuevo esa oportunidad. Al papá lo cambiaron de trabajo y finalmente se fueron de la población, de esta forma nosotros perdíamos al mejor arquero que habíamos tenido y para mí se iba mi primer amor.
Ningún pasaje estaba pavimentado, la tierra que levantábamos cuando jugábamos a la pelota se entraba por las ventanas abiertas y no faltaba la vecina que salía con escoba en manos a corretearnos, se mantuvieron sin pavimentar los pasajes hasta cuando cumplí los diecinueve años, por suerte nos dejaron los almendros y aunque las mamás estaban contentas porque había menos polvo, en las casas el calor arreciaba más fuerte.. Yo sentía que el monstruo del cemento nuevamente daba otra zancada en nuestras vidas.
Alcanzamos la juventud y a las poblaciones llegaba la era hippie y se veían los primeros pitos de marihuana.
Una mañana fue la más trágica, llegaron los del municipio y arrancaron todos los almendros, no dejaron ningún árbol, que nada losw detendría y que nos quedaríamos encerrados en medio de una población llena de cemento, autos, droga y un modernismo que estaba al servicio de una economía depredadora.
En mi cuarto mis padres pusieron papel mural en la pared donde estaban todos mis dibujos, mis revistas se fueron todas a la basura, mis amigos desaparecieron y yo me fui a la Universidad a estudiar Literatura.

 No salir de casa me ha vuelto inseguro,

Con trastornos de insomnio y de comidas a deshoras,
Con una idiotez desacostumbrada por tener la televisión encendida,
Con una maniática obsesión por el celular
Y una rara sensación de falta de cariño.
Hay días en que no quiero levantarme
Otros en que estoy en píe muy temprano
Sin nada que hacer.
Me siento despojado de todo
Sin credo en la boca.
Si no acaba luego esta cuarentena
Me desbandare y saldré a la calle
Como lo hacen los gorriones
Colgaré de algún cable,
O treparé un árbol como un gato,
O me echaré en alguna plaza como un perro,
O disimulare estar muerto
En las afueras de un prostíbulo desierto.

El Guardían


Al Cholo lo atropelló un camión que pasó a exceso de velocidad a eso de las cinco de la tarde.
El Cholo un perro que llegó a la población un día de invierno entumido de frio y la señora Matilde le hizo una casita improvisada. Desde ese día allí se quedó y se transformó en el guardián de todos nosotros, conocía cada habitante del pasaje y salía al encuentro agitando su cola que parece se le iba a escapar de alegría.
Su gran tamaño imponía respeto a todo extraño y más de alguna vez espantó a uno que otro ladrón.
La vecina de la esquina lo alimentaba, acostumbraba a jugar a la pelota con los niños del pasaje.
El impacto de su fallecimiento fue grande en todos los vecinos.
Al Cholo se lo llevaron los municipales y la vecina de la esquina encendió una velita, por la noche se sumaron muchos vecinos, fue un pequeño homenaje, a nuestro querido cholo.

Almuerzo

 Hoy los niños se quedaron en cama. 

El frío arrecia y no hay parafina, 

tienen la televisión  encendida.

Hoy almorzaremos porotos

 es lo que hay en la olla común.

El Raúl se fue a la feria 

está haciendo un pituto.

Para la tarde haré pancito, 

en el improvisado horno que hizo mi marido.

Dicen que la cuarentena tiene pa rato. 

Ojalá se acabe luego todo 

que vuelva  la normalidad,

 como cuando planificábamos que íbamos a almorzar.

La Olla

  La Olla. La familia Barrera estaba sentada a la mesa; era la hora de almuerzo y esta vez a diferencia de los días anteriores la sopa tenía...